Cuando por primera vez pregunté los requisitos para participar en un curso como Directora de Orquesta en Venezuela, la respuesta que recibí fue: tu no puedes ir porque eres mujer, ese curso es sólo para hombres. Inmediatamente pensé: ¿Es difícil? ¡Es un reto!

Me encontraba en mi amada Caracas hace unos cuantos años; y para ese entonces, no tenía ni siquiera la posibilidad de costear los gastos que implicaba hacer el viaje a la ciudad donde serían impartidas las clases, pero aún así deseaba con toda mi alma estar ahí, me lo merecía. Sabía que los obstáculos no eran la justificación para no hacerlo y sabía también que no podía ser incapaz de ver la capacidad que las otras personas estaban teniendo en ese momento sobre mí: Me estaban retando. Así que:

  1. Establecí metas reales y alcanzables a corto plazo: evalué cuáles eran las personas específicas que podrían ayudarme institucionalmente, organicé encuentros con ellos. Estudié para las clases.
  2. Practiqué el pensamiento positivo: siempre hay una voz interna que comenta, especula, juzga, compara, se queja, rechaza o acepta. Elegí escuchar esa que me decía que conseguiría la aprobación para hacer el curso, el cupo, los boletos aéreos, el hospedaje, los alimentos y mi participación activa en las clases donde dirigiría por primera vez una orquesta sinfónica.
  3. Me creí posible y me dejé fluir con el universo: ¡Sí puedo!. Aquí haré referencia al primer artículo que escribí para inaugurar este blog: Amor y guáramo para crear y dirigir mi mundo.

Lo que pienso, me define

Los pensamientos comenzaron a convertirse en comandos que generaban en mi un despliegue emocional y físico que no me permitía parar. Noté que solamente cambiando lo que pensaba, podía elegir sentirme mucho mejor, más receptiva y con poder de atracción. Tampoco se trataba de una cuestión de suerte sino de administrar eficientemente mis pensamientos, de enfocar mi atención y mi acción deliberada. Tuve que hacerme cargo y al trabajar con las dificultades, aprendí a ser más amable y comprensiva, estaba más dispuesta a resolver. Los “No” que me daban como respuesta, se fueron quedando sin espacio.

Dirigir por primera vez una orquesta, ese era el reto. Felizmente logré mis objetivos y lo mejor de todo es que disfruté y aprendí del proceso. Si no lo hubiese intentado, quizás habría creado en mí, cuadros emocionales de negatividad y ansiedad, negándome a mi misma, la oportunidad de hacer lo que amo, cuando lo único que realmente me esperaba, eran muchas puertas abiertas a nuevas experiencias.

Lo hago todos los días

  • Tomo la decisión. Asumo, me permito y acepto el reto con amor. Es un obsequio para mi.
  • Examino mis creencias, mis patrones negativos, lo que me choca.
  • Adquiero sanos hábitos diarios: ejercitarme, alimentarme conscientemente, respirar, escribir lo que quiero lograr.
  • Sé que lo voy a lograr si decido continuar.
  • Busco soluciones, el reto es divertido.
  • “Todo es cuestión de percepción.” – Eduardo Marturet.
  • “Pasito a pasito. Suave, suavecito… Des-pa-cito.” (Sin prisa y sin pausa). – Luis Fonsi
  • Soy flexible conmigo misma, me reinvento.
  • Observo las capacidades de las personas que tengo a mi alrededor.
  • No olvido de dónde vengo y sé a dónde voy. Actitud.

Me despido con una frase de nuestro gran Simón Bolívar: “El arte de vencer se aprende en las derrotas.

Gracias por compartir tu tiempo conmigo. Si te gusta, no olvides compartir esta información.

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